BIENVENIDO AL CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO 17 DE MAYO DE APURIMAC.
Es un espacio democrático para el debate, discusión y dialogo nacional e internacional al servicio de la comunidad en general.

domingo, 2 de febrero de 2020

CULTURA


Kiriko


"La Lucha de Clases es uno de los puntos más débiles de la teoría marxista."
Entrevista a Gareth Stedman Jones

Resultado de imagen para Gareth Stedman Jones libro...FOTOS



Por: Daniel Gascón(*)

Karl Marx. Ilusión y grandeza (Taurus, 2018) es una biografía admirable del autor de El capital y a la vez una introducción a sus ideas. Gareth Stedman Jones, profesor de historia de las ideas en Queen Mary, en la Universidad de Londres, cuenta la vida de Marx, muestra la evolución de su pensamiento y explica sus influencias: desde el idealismo alemán a las teorías económicas inglesas y francesas, desde el mundo del exilio y las revoluciones a la organización sindical o las divergencias estratégicas en la izquierda.

Uno de los objetivos de este libro es distinguir entre Marx y el marxismo.
El marxismo es una creación póstuma que se debe a Engels y otros. En muchos sentidos es una forma de pensar muy diferente de la que encuentras en el propio Marx.

Hay una gran cantidad de libros sobre Marx, desde la izquierda, por supuesto, y también desde el liberalismo. ¿Hay ideas populares sobre Marx que merezcan ser revisadas?

Lo que está mal en buena parte de la bibliografía, y sin duda en el Karl Marx de Isaiah Berlin, es pensar que Marx representa, más que otra cosa, una concepción materialista de la historia. Esta expresión es una invención de Engels, no es algo que utilizara Marx. El objetivo de los jóvenes hegelianos, y Marx era uno de ellos en los años cuarenta, era encontrar la forma de reconciliar el materialismo y el idealismo, no desplazar uno con el otro.

También hay una combinación de idealismo alemán y crítica económica, con autores como David Ricardo.

A través de Engels, Marx conoce la economía política. Engels escribió una crítica de la política económica en 1843, porque era amigo de los owenistas en Manchester, y estos ya habían desarrollado su crítica de la competencia y una teoría de esa sociedad basada en comprar barato y vender caro. En cuanto entrabas en la economía, entrabas en una forma de pensar en el modo capitalista de producción como un sistema económico total y esto podía formar parte de una historia más amplia de la ley natural. Se hablaba de cuatro etapas: de recolección, de pastoreo, de ganadería y la sociedad comercial. El modo capitalista de producción podía situarse en este marco interpretativo, y ese es el armazón que emplea Adam Smith. Pero no había nada que hiciera pensar que podía haber otro modo de producción que sucediera a la sociedad capitalista.

La crítica empieza con la crítica de la religión, escribió Marx.

Para entender que en los años cuarenta había quien pensara en ese modo posterior de producción, hay que atender a la crítica religiosa de los jóvenes hegelianos. Para simplificar, destacan dos cosas. En primer lugar, David Friedrich Strauss, un seguidor de Hegel, sostiene en La vida de Jesús que el cristianismo es una manera adecuada de entender lo divino y lo humano y construye una teoría de la religión en torno a la cuestión de Jesucristo. Traza una historia en la que sustituye la vida de Cristo por la vida de la humanidad en su totalidad. Es importante también la aportación de Bruno Bauer, que refuerza este argumento en el que la historia sustituye al cristianismo. Como Hegel, rastrea la historia del espíritu humano. Pero la aportación crucial es la de Feuerbach, que dice que la humanidad es el ser sufriente y pensante, es material y espiritual. Hay una inversión donde el hombre piensa que es el agente de Dios en vez de ser creado. Marx extiende ese argumento a la propiedad privada y el sistema económico. La humanidad creó esto, no viene de un lugar exterior. Y como lo creó también lo puede superar. Esto es lo que Marx toma de Ludwig Feuerbach, y de esto habla cuando trata el fetichismo de la mercancía. Marx no creó la concepción materialista de la historia. Quería reconciliar lo material y lo ideal.

También tiene lugar en el debate sobre lo que debe sustituir al cristianismo.

Lo que Marx defiende es la expectativa de que haya una nueva forma de reconciliación entre materia y espíritu, como dice en los manuscritos de 1844. Todo esto se basa en Feuerbach, pero también es importante la visión de Max Stirner. En El único y su propiedad, Stirner dice que la superación de Feuerbach no es tal, porque todavía se basa en la idea de algo llamado humanidad, en cuyo nombre deben actuar los hombres comunes: esto, sostiene, es como Dios con otro nombre. Aconsejaba la primacía del ego: si apartas esa idea de imperativo ético sobre la humanidad, el hombre puede hacer lo que quiera, el individuo puede hacer lo que le apetezca. Esto es un momento muy difícil para Marx, que nunca responde a esta observación. En La ideología alemana dedica cientos de páginas a criticar a Stirner pero nunca aborda este punto central. La obligación humana con un espíritu. Lo que Marx hace es superar el debate hablando de que no hay imperativo ético pero tienes que observar la historia de la lucha de clases. Sustituye la obligación ética por la lucha de clases, que si lo piensas bien no es una idea muy convincente. Aunque fuera muy subrayada por la tradición comunista, la lucha de clases es uno de los puntos más débiles de la teoría marxista. El propio Marx le presta menos atención conforme pasa el tiempo.

También se hizo una lectura que combinaba el pensamiento de Marx con la evolución.

Marx construye una historia natural del modo capitalista de producción y cómo evoluciona. No creo que tuviera el mismo éxito con la teoría de la plusvalía: cambia de opinión y a finales de los sesenta ha abandonado la idea. De nuevo, es Engels el que traza un paralelismo entre Marx y Darwin. Pero Darwin no estaba interesado en la historia, no creía que tuviera un significado, mientras que Marx pensaba que la historia era muy diferente de la historia natural. Creía que la historia trataba de la intervención del hombre en la naturaleza. No pensaba que el hombre fuera un ser natural o estuviera determinado por la naturaleza. Esto no significa que no dependa de elementos naturales, por supuesto. Tiene que ver con lo que decía antes: lo que Marx y otros intentaban era encontrar una forma de unir lo material y lo ideal, no sugerir que uno dominaba y el otro era solo un efecto.

Durante mucho tiempo el periodismo fue su medio de vida.

Su periodismo es muy interesante. No creo que pensara demasiado en la distinción entre ser filósofo y periodista. El periodismo era la forma de ganarse la vida. Utilizaba su conocimiento filosófico para sus artículos. Su periodismo era muy bueno en algunos aspectos, pero es muy académico, muy intelectual. Probablemente ahora no lo consideraríamos periodismo.

Dedica espacio a los libros y las influencias intelectuales de Marx. Pero en el libro los acontecimientos históricos también son muy importantes.

Marx intenta entender lo que ocurre a la luz de su visión general de la realidad. Lee The Economist de manera muy fiel y se pregunta qué ocurre en la bolsa. Sin embargo, al pensar en las reacciones de los trabajadores, no creo que tuviera nunca una idea muy realista de quiénes eran y lo que hacían. Si piensas en cosas como los miembros de partidos, diría que tiene una visión un poco cruda de lo que puede ser burgués o pequeñoburgués.

Cuenta fragmentos de la vida de Marx en Londres a través de informes de los servicios secretos. La ciudad recuerda a El agente secreto de Conrad.

A partir de 1830 y especialmente de 1848, Londres era una meca de exiliados revolucionarios. Los gobiernos siguen a la gente e informan sobre ella; tienes informes alemanes y rusos de lo que hace Marx. Los ingleses no están tan interesados, no se lo toman muy en serio. No pueden hacer nada. Habrían tenido problemas en el parlamento si hubieran intervenido demasiado. Es un periodo extraordinario de relativa libertad. Una de las cosas más interesantes es que hubo una conjura para matar a Napoleón III, por un hombre llamado Orsini, y el jurado se negó a condenarlo. Porque Napoleón III era muy impopular y en realidad nadie quería que el atacante recibiera castigo. Fue un periodo extraordinariamente libertario desde el punto de vista de la policía estatal.

El 18 brumario de Luis Bonaparte es un libro que ha tenido una especial relevancia en los últimos tiempos.

Hay maravillosos estudios de la época, como Napoléon le petit de Victor Hugo. Los parecidos con Trump son a veces asombrosos, aunque Napoleón III no era tan arrogante. A Marx le cuesta entender cómo alguien tan vulgar como Napoleón puede obtener una victoria electoral. Y esto es un problema con los plebiscitos que se han celebrado, y lo vimos en el Reino Unido con el Brexit.

No es una biografía psicológica. Pero sí dedica espacio a sus orígenes familiares. La relación con la familia, judíos convertidos al protestantismo, es a veces tirante. Con altibajos y contradicciones, su matrimonio parece más feliz.

Era el niño mimado de la familia. Su padre y su madre lo cuidaban mucho. Su padre escribió observaciones importantes sobre sus limitaciones. No creo que fuera un buen miembro de la familia. Critico su relación con su madre, porque creo que buena parte de lo que decía la literatura secundaria era injusto. La presentaban como una idiota. El material primario no dice eso; parece que tenía una actitud en verdad razonable. Se insiste en la idea de que era demasiado solícita. Hay que tener en cuenta que era una familia asolada por la enfermedad, por la tuberculosis. Creo que todas esas recomendaciones –“ponte un abrigo”, etcétera– tienen todo el sentido del mundo. Con su padre hay cosas interesantes. Por ejemplo, cuando Marx quería todavía ser un poeta, le escribe una carta donde le reprocha que pase el día sin vestirse, que fume y beba demasiado, que sea indulgente consigo mismo. Su madre tenía una visión bastante clara de sus virtudes y sus defectos y era capaz de controlarlo. Su hermana estaba casada con Lion Philips, que manejaba el patrimonio, y Marx tenía que comportarse bien si quería cobrar su herencia, algo en lo que, naturalmente, estaba bastante interesado. Pero parte del tono en las cartas, cuando habla de su madre, es bastante desagradable.

También hay otra carta curiosa, cuando muere Mary Burns, la pareja de Engels. Engels reprocha a Marx su frialdad.

Marx y su mujer, Jenny, nunca respetaron a Mary Burns. Cuando Mary fue a Bélgica en el periodo entre 1845 y 1848, no tenía una relación real con Marx y este se comportaba de manera bastante altanera con ella. La relación entre Jenny y Mary Burns nunca fue particularmente buena. Cuando ella murió, Engels vivió con la hermana de Mary, Lizzie, y parece que la relación con ella fue bastante mejor. Así que las cosas cambiaron, no siempre fueron iguales.
Prefiere al Marx maduro que al Marx joven.
La idea del fetichismo, de la inversión, de atribuir agencia a algo distinto a la humanidad sigue siendo algo relevante. El neoliberalismo se parece bastante a ese diagnóstico. Y también lo es la crítica de la religión. Es una parte de Marx que sigue siendo importante. En segundo lugar, y aquí la influencia de Hegel adquiere importancia, tienes la idea del desarrollo del capitalismo. El Manifiesto comunista da una imagen elocuente y poderosa de ese proceso. Se ha conseguido más en los últimos cien años que en todas las anteriores épocas de la historia. Aunque no acierte en lo político, aporta una imagen muy iluminadora del funcionamiento del capitalismo: no respeta las jerarquías, derriba y levanta cosas, impulsa la economía hacia delante de una manera que ningún otro sistema había hecho en el pasado. Son dos factores muy importantes. El tercero es separar a Marx del marxismo. Cuando Marx escribe El capital, en la década de 1860, parece posible que el capitalismo se transformara en otra cosa. Marx piensa sobre todo en Inglaterra, producto de fuerzas que llegan desde fuera, como las reformas de 1867, pero también en cambios paralelos en las prácticas de las empresas. Estas ideas, esta transición del capitalismo a lo que podríamos llamar socialdemocracia se encuentra en el primer volumen de El capital y sin duda habría estado en el segundo si hubiera salido a la vez. Pero Marx nunca terminó de escribirlo, el segundo volumen sale treinta años después y a esas alturas también influye la situación del partido socialdemócrata alemán, que era incapaz de hacer ninguna oposición real a Bismarck porque había una fuerte represión. Engels sale con una teoría que dice que el capitalismo caerá inevitablemente, que se autodestruirá. No creo que puedas encontrar esto en Marx, creo que es lo que quería decir Engels. Y con él los socialdemócratas, porque dice que el capitalismo caerá sin que ellos tengan que intervenir. Esto es la base del marxismo, la idea de que el capitalismo alcanza sus fases finales y solo es cuestión de tiempo. En el siglo XX esta idea es muy importante, pero creo que tiene muy poco que ver con lo que decía Marx.

No le interesaban los derechos individuales.

Nunca superó el momento de pensar que la declaración de los derechos del hombre era el epítome del pensamiento burgués y no una verdadera emancipación. Nunca consideró la individualidad de los trabajadores, sino el perfil general. Nunca pensó en cómo podían cambiar entre sí los individuos. Y esta es a mi juicio una de las razones por las que su política no es muy buena. No entendía cómo actuaba la gente.

Una crítica clásica es que habría subestimado el poder de la nación y del nacionalismo.

Eso era cierto desde el principio. Viene de Hegel, que se toma el Estado muy en serio y a la nación no. Sin embargo, la idea de la Internacional es buena, más en el caso de la Primera: intentaba ofrecer un contrapeso al irrestricto mercado de trabajo internacional, que creaba racismo, opresión, etc. En ese sentido es difícil pensar cómo hacer funcionar una Internacional, pero es una buena idea en principio.

Algunas de sus observaciones parecen ahora más relevantes que hace quince o veinte años. ¿En qué medida sigue siendo útil?

En otros momentos había un fuerte movimiento sindical, del que se pensaba que podía causar un cambio de régimen. Y una idea de la historia. Nada de esto parece muy probable ahora. Ha habido grandes transformaciones en la división internacional del empleo y la naturaleza del trabajo, que hacen difícil pensar en la clase trabajadora y cómo puede reaccionar en el futuro: asuntos como internet, el aumento del trabajo informal, etc. Es una situación muy distinta de la que habría sido reconocible en otra época. Pero es relevante la idea de que el pensamiento religioso puede corromper el pensamiento político en términos de inversión y fetichismo. Al margen de lo que pensemos, la de Marx es una de las descripciones más elocuentes de lo que es bueno y malo del capitalismo, lo que es dinámico y creativo y lo que es destructor y habría que frenar, pero no creo que nos dé una herramienta para hacer una aplicación positiva de eso, como hace cincuenta o sesenta años.

También hubo una disputa entre el marxismo y el posmodernismo.

La historia sigue siendo significativa, todavía lo es el modernismo. Hemos pasado esa época, pero el modo en que se quiere descartar o criticar las etapas de la historia me parece erróneo. La historia sigue siendo clave para entender lo que ocurre y lo que ha ocurrido. Muchas de esas críticas me parecen provincianas y erróneas.

Algunas ideas que han tenido más importancia en el desarrollo posterior del marxismo no parecen tan importantes en su obra, según explica. Por ejemplo, la plusvalía.

Nunca siguió a detalle cómo debía funcionar la plusvalía, cómo se relacionaba con un día de trabajo, no veía diferentes formas de actividad económica. Lo principal es que la mayor parte del trabajo se había hecho en Francia en los treinta y cuarenta, y Marx tomó mucho de ahí.

Es difícil separar a Marx de su influencia en revoluciones y regímenes del siglo XX. ¿En qué medida están ya en el pensamiento de Marx?

Dijo algunas cosas muy importantes para los revolucionarios del siglo XX. Pero su idea cambiaba, respondía a acontecimientos. No construía una teoría. Aprendió de la experiencia y se volvió más realista. Quería colocar su pensamiento en el contexto en el que estaba escrito. Cambiaba sus ideas en relación con las situaciones en las que se encontraba. La idea de que las revoluciones eran una repetición de 1789 era común en los años cuarenta, cuando el paradigma era la Revolución francesa. Pero eso cambió. Como resultado de la experiencia revolucionaria, llegas al desarrollo de formas de asociación política en los cincuenta y sesenta, sobre todo en los sesenta, cuando hay una renovación de la política en Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia. Su escritura cambia porque cambian las circunstancias. No está fijada en una idea de la revolución. Desde una perspectiva política, yo quería cambiar el foco de sus experiencias en las revoluciones de los años cuarenta, que era muy poco realista, a las de los sesenta, cuando tenía un sentido mucho más informado de lo que podía ser posible. No resultó ser lo que decía, pero no era exageradamente impreciso, como en sus textos anteriores.~

(*)(Zaragoza,1981) es escritor y editor de Letras Libres.Es autor de El golpe posmoderno (Debate,2018)

Extraído de Letras Libres

sábado, 11 de mayo de 2019



POLÍTICA

Kiriko

Una Distopía  Feliz


Fuente:Punto Critico


Por Chris Hedges(*)
Las dos grandes visiones sobre distopías futuras han sido “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. El debate existente entre quienes observaban nuestro deslizamiento hacia el totalitarismo de las corporaciones giraba en torno a quién de los dos escritores tenía razón. ¿Viviríamos dominados, como escribió Orwell, por una vigilancia represiva y un estado de seguridad que utilizaría formas de control brutales y violentas? ¿O, como Huxley imaginó, nos sentiríamos fascinados por el entretenimiento y el espectáculo, cautivos de la tecnología y seducidos por un derroche consumista que envolvería nuestra propia opresión? Pues ha resultado que ambos, Orwell y Huxley, tenían razón. Huxley fue capaz de imaginar la primera fase de nuestra esclavitud. Orwell la segunda.
Como Huxley predijo, el estado de las corporaciones nos ha ido despojando gradualmente, seduciéndonos y manipulándonos con gratificaciones sensuales, artículos baratos producidos en masa, crédito sin límites, teatro político y diversión. Mientras nos iban entreteniendo y envolviendo, fueron desmantelando todo el conjunto de regulaciones que en otro tiempo mantuvieron a raya al depredador estado corporativo, volviendo a reescribir las leyes que nos protegían hasta abocarnos a la pobreza. En estos momentos, el crédito se ha secado ya, los puestos de trabajo medianamente decentes para la clase trabajadora han desaparecido para siempre y los artículos producidos en masa resultan ahora inasequibles, por todo lo cual nos vemos transportados desde “Un mundo feliz” a “1984”. El estado, asfixiado por déficits masivos, guerras sin fin y fechorías corporativas, se desliza hacia la bancarrota. Ha llegado la hora de que el Gran Hermano se apodere del sensorama, de la orgia-porfía y de la bomba centrífuga de Huxley. Estamos pasando de una sociedad donde se nos manipula hábilmente con mentiras e ilusiones a otra donde estamos clara y totalmente controlados.
Orwell alertó sobre un mundo donde los libros estarían prohibidos. Huxley advirtió de un mundo donde nadie querría ya leer libros. Orwell alertó sobre un estado de guerra y miedo permanentes. Huxley advirtió de una cultura habitada por un placer vacío de sentido. Orwell avisó acerca de un estado donde todas las conversaciones y pensamientos estaban vigilados y la disidencia brutalmente reprimida. Huxley alertó sobre un estado donde su población sólo se preocupaba por las trivialidades y el cotilleo, sin que le importaran ya ni la verdad ni la información fidedigna. Orwell nos veía asustados y sometidos. Huxley nos veía seducidos y sometidos. Pero estamos descubriendo que Huxley no era más que el preludio de Orwell. Huxley entendía que en ese proceso éramos nosotros los cómplices de nuestra propia esclavitud. Orwell lo interpretaba como esclavitud. Ahora que el Estado corporativo ha dado ya el golpe maestro, nos encontramos desnudos e indefensos. Y estamos empezando a entender, como cuKarl Marx supo, que el capitalismo sin restricciones y sin reglamentar es una fuerza brutal y revolucionaria que explota a los seres humanos y el medio ambiente hasta agotarlos o destruirlos.
El Partido busca el poder completamente en su propio beneficio”, escribióOrwell en 1984. “No estamos interesados por el bien de los otros; únicamente nos interesa el poder. Ni la riqueza ni el lujo ni una vida larga ni la felicidad: sólo el poder, el poder puro. Lo que implica el poder puro lo comprenderán ahora. Nos diferenciamos de las oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se nos parecieron, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se nos parecían mucho en sus métodos, pero nunca tuvieron valor para reconocer sus propios motivos. Pretendieron, quizá hasta se lo creyeron, que habían tomado el poder de mala gana, por tiempo limitado y que justo a la vuelta de la esquina había un paraíso donde los seres humanos eran libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie toma nunca el poder con intención de renunciar al mismo. El poder no es un medio, es un fin. Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución; uno hace una revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución es la persecución. El objeto de la tortura es la tortura. El objeto del poder es el poder”.
El filosofo político Sheldon Wolin utiliza el término “totalitarismo invertido” en su libro “Democracia Corporativa” para describir nuestro sistema político. Es un término que daría sentido a Huxley. En el totalitarismo invertido, las sofisticadas tecnologías del control corporativo, la intimidación y manipulación de masas, que superan de lejos las utilizadas por los anteriores estados totalitarios, se enmascaran eficazmente con el oropel, el ruido y la abundancia de una sociedad de consumo. Se va renunciando gradualmente a la participación política y a las libertades civiles. El estado corporativo, escondido tras la pantalla de humo de la industria de las relaciones publicas, del entretenimiento y el materialismo chabacano de una sociedad de consumo, nos devora de dentro a afuera. No le debe lealtad a nadie, ni a nosotros ni a la nación. Se da un festín con nuestros cadáveres.
El estado corporativo no encuentra su expresión en un líder demagogo o carismático. Se define por el anonimato y la ausencia de rostro de la corporación. Las corporaciones, que suelen alquilar a portavoces atractivos como Barack Obama, controlan los usos de la ciencia, la tecnología, la educación y la comunicación de masas. Controlan los mensajes en el cine y en la televisión. Y, al igual que en Un mundo feliz, utilizan estas herramientas de comunicación para reforzar la tiranía. Nuestro sistema de comunicación de masas, como Wolin escribe, “obstaculiza, elimina cualquier elemento que pudiera introducir cualificación, ambigüedad o dialogo, cualquier cosa que pudiera debilitar o complicar la fuerza total de su creación, hasta su total impresión”.
El resultado es un sistema monocromático de la información. Cortesanos de famosos, haciéndose pasar por periodistas, expertos y especialistas, identifican nuestros problemas y explican pacientemente los parámetros. Se descarta como seres raros irrelevantes, extremistas y miembros de la izquierda radical a todos aquellos que se posicionan fuera de los parámetros impuestos. Se prohíbe a críticos sociales clarividentes, desde Ralph Nader a Noam Chomsky. Las opiniones aceptables van de la A a la B. La cultura, bajo tutela de esos cortesanos corporativos, se convierte, como Huxley señaló, en un mundo de conformidad alegre, así como en un inacabable y finalmente fatal optimismo. Nos compramos a nosotros mismos comprando productos que prometen cambiar nuestras vidas, haciéndonos más guapos, más seguros o exitosos mientras velozmente nos despojan de nuestros derechos, dinero e influencia. Todos los mensajes que recibimos a través de estos sistemas de comunicación, ya sea en las noticias de la noche o en los programas de entrevistas como “Oprah”, prometen un mañana más brillante y más feliz. Y esta es, como Wolin señala, “la misma ideología que invita a los ejecutivos de las corporaciones a exagerar beneficios y ocultar pérdidas, pero siempre con rostro risueño”. Estamos embelesados, como Wolin escribe, por “los continuos avances tecnológicos” que “fomentan elaboradas fantasías de destrezas individuales, juventud eterna, belleza gracias a la cirugía, acciones que se miden en nanosegundos: una cultura repleta de sueños de control y posibilidades en constante expansión, cuyos habitantes son propensos a fantasear porque la inmensa mayoría tiene imaginación pero pocos conocimientos científicos”.
Han desmantelado nuestra base industrial. Los especuladores y estafadores han saqueado el Tesoro estadounidense y han robado miles de millones a los pequeños accionistas que habían reservado ese dinero para la jubilación o para ir a la universidad. Se han eliminado las libertades civiles, incluido el habeas corpus y la protección contra las escuchas telefónicas sin orden judicial. Los servicios básicos se han entregado a las corporaciones, incluidas la educación pública y la atención sanitaria, que los explotan buscando únicamente el beneficio. El establishment corporativo ridiculiza a los pocos que se atreven a alzar su voz disidente, que se niegan a participar en la feliz charla corporativa, etiquetándoles de bichos raros, de frikis.
Las actitudes y el temperamento han sido astutamente manipulados por el estado corporativo, al igual que los maleables personajes de Huxley en Un mundo feliz. El protagonista del libro, Bernard Marx, vuelca su frustración en su novia Lenina:
“¿No te gustaría ser libre, Lenina”, pregunta.
No comprendo qué quieres decir. Soy libre, libre para tener el tiempo más maravilloso. Todo el mundo es feliz hoy en día.”
Él se rió: “Sí, ‘todo el mundo es feliz hoy en día’. Pero, ¿no te gustaría ser libre para ser feliz de otra manera, Lenina? A tu manera, por ejemplo; no del mismo modo que todos los demás”.
No sé lo que quieres decir”, repitió ella.
La fachada se derrumba. Y cada vez hay más gente que se da cuenta de que se les ha utilizado y se les ha robado, que poco a poco estamos yendo de “Un mundo feliz” de Huxley a “1984” de Orwell. En algún momento, la gente tendrá que enfrentar verdades muy desagradables. Los puestos de trabajo bien pagados no van a volver. Los mayores déficits de la historia humana significan que estamos atrapados en un sistema de servidumbre que el estado de las corporaciones utilizará para erradicar los últimos vestigios que quedan de protección social a los ciudadanos, incluida la Seguridad Social. El estado ha sufrido una regresión de la democracia capitalista al neofeudalismo. Y cuando todas estas verdades aparezcan claramente, la rabia sustituirá a la alegre conformidad impuesta por las corporaciones. La debilidad de nuestros bolsillos post-industriales, donde alrededor de 40 millones de estadounidenses viven en un estado de pobreza y decenas de millones en una categoría denominada de “casi pobreza”, junto con la carencia de crédito que pudiera salvar a las familias de las ejecuciones hipotecarias, de las apropiaciones de los bancos y de la bancarrota a causa de las facturas médicas, pone en evidencia que el totalitarismo invertido no va ya a funcionar.
Cada vez vivimos más en la Oceanía de Orwell, no en El Estado Mundial de Huxley. Osama bin Laden juega el papel asumido por Emmanuel Goldstein en “1984”. Goldstein, en la novela, es el rostro público del terror. Sus diabólicas maquinaciones y actos clandestinos de violencia dominan las noticias de la noche. La imagen de Goldstein aparece cada día en las pantallas de televisión de Oceanía como parte del ritual diario de “Dos Minutos de Odio” de la nación. Y sin la intervención del estado, Goldstein, al igual que bin Laden, acabará con vosotros. En la lucha titánica contra la personificación del mal, se justifican todos los excesos.
La tortura psicológica aplicada al soldado raso Bradley Manning – que lleva ya siete meses preso sin haber sido acusado de delito alguno- refleja el destrozo del disidente Winston Smith al final de «1984«. A Manning se le mantiene como «detenido sometido a máxima vigilancia» en el calabozo de la Base del Cuerpo de Marina Quantico, en Virginia. Pasa solo 23 de las 24 horas del día. Se le niega la posibilidad de hacer ejercicio. No puede tener almohada ni sábanas en la cama. Los doctores del ejército le han estado atiborrando de antidepresivos. Las más crudas formas de tortura de la Gestapo se han sustituido por refinadas técnicas orwellianas, en gran medida desarrolladas por psicólogos que trabajan para el gobierno para convertir en vegetales a disidentes como Manning. Destrozamos las almas y los cuerpos. Es más eficaz así. Ahora nos pueden llevar a todos a la temible Habitación 101 de Orwell para que nos conviertan en seres dóciles e inofensivos. Esas «especiales medidas administrativas» se imponen habitualmente a nuestros disidentes, incluidoSyed Fahad Hashmi, quien pasó tres años encarcelado en condiciones parecidas antes de ser llamado a juicio. Esas técnicas han destrozado psíquicamente a miles de detenidos en nuestros agujeros negros por todo el globo. Constituyen la principal forma de control en nuestras prisiones de máxima seguridad, donde el estado corporativo hace la guerra sirviéndose astutamente de nuestra “inferior”: los afroamericanos. Todo presagia el cambio de Huxley a Orwell. 
«Nunca podrás tener de nuevo sentimientos humanos normales«, dice el torturador de Winston Smith en “1984”. «Todo estará muerto dentro de ti. Ya no podrás ser capaz nunca de sentir amor o amistad o alegría de vivir o risa o curiosidad o valentía o integridad. Te quedarás vacío, hueco. Vamos a exprimirte hasta vaciarte y después te llenaremos de nosotros mismos«. 
El nudo se va estrechando. La era del divertimento se sustituye por la era de la represión. Decenas de millones de ciudadanos han tenido que entregar sus registros telefónicos y correos al gobierno. Somos la ciudanía más controlada y espiada en la historia humana. Muchos de nosotros tenemos nuestras rutinas diarias atrapadas en docenas de cámaras de seguridad. Nuestras inclinaciones y hábitos se registran en Internet. Nuestros perfiles se generan electrónicamente. Cachean nuestros cuerpos en los aeropuertos y nos filman con escáneres. Y los anuncios de servicio público, las pegatinas de los coches de inspección y los carteles del transporte público nos instan constantemente a informar de actividades sospechosas. Porque el enemigo está por todas partes. 
Se silencia brutalmente a quienes no se ajusten a los dictados de la guerra contra el terror, una guerra que, como Orwell señaló, es inacabable. Las draconianas medidas de seguridad utilizadas para reprimir las protestas en las cumbres del G-20 en Pittsburg y Toronto fueron salvajemente desproporcionadas para el nivel de actividad de la calle. Pero enviaron un claro mensaje: ¡NI SE OS OCURRA INTENTARLO! La persecución por parte del FBI de los activistas a favor de Palestina y en contra de la guerra, que el pasado septiembre vieron cómo los agentes asaltaban sus hogares en Minneapolis y Chicago, es un presagio de lo que está por venir para todos aquellos que se atrevan a desafiar el Neolengua oficial del estado. Los agentes – nuestraPolicía del Pensamiento– incautaron teléfonos, ordenadores, documentos y otras pertenencias personales. Se han enviado citaciones judiciales a 26 personas para que comparezcan ante un gran jurado. Las notificaciones citan leyes federales que prohíben «proporcionar apoyo material o recursos destinados a organizaciones extranjeras terroristas«. El Terror, incluso para quienes no tienen nada que ver con el terrorismo, se convierte en el objeto contundente utilizado por el Gran Hermano para protegernos de nosotros mismos. 
«¿Empiezan a ver, pues, qué clase de mundo estamos creando?«, escribió Orwell. «Es exactamente todo lo contrario de las estúpidas Utopías hedonistas que los viejos reformistas imaginaron. Un mundo de temor, traición y tormento, un mundo donde se pisotea y se es pisoteado, un mundo cada vez más despiadado en la medida en que se va refinando«.

Recuperado de Punto Critico/ Derechos Humanos


Chris Hedges(*) ha sido corresponsal en América Central, Oriente Medio, África y los Balcanes a lo largo de dos décadas. En 2002 recibió el Premio Internacional de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. En 2010 recibió el Premio a la Mejor Columna Online por el ensayo “One Day We’ll All Be Terrorists”. Ha dado clase en las Universidades de Columbia, Nueva York y Princetown. Actualmente da clases a los presos de un correccional de Nueva Jersey. Es también miembro del The Nation Institute.

viernes, 12 de abril de 2019

POLÍTICA/ ESTRATEGIA

Kiriko


'El Odio, el Rencor' [en Las Bambas]


Lantarón: “Todo ha sido para Challhuahuacho, donde han cerrado la mina. Allí tienen un alcalde preso y otro prófugo”.
Con Baltasar Lantarón a la tercera fue la vencida. El educador candidateó sin éxito al gobierno regional de Apurímac en el 2006 y al Congreso el 2016. Esta vez ganó en segunda vuelta el gobierno regional con el movimiento Llankasun. Hoy, en medio de la tensión en el proyecto minero Las Bambas, va y vuelve a Lima. Conversó con CARETAS antes de entrevistarse con la ministra de Educación, Flor Pablo, sobre los acuerdos sobre la materia en la zona.   
–El acuerdo con la comunidad incluye tres compromisos de la minera: el acuerdo económico sobre la carretera del fundo Yavi Yavi y la revisión de puestos laborales y otros beneficios según los acuerdos originales con Xstrata en el 2009. ¿Eso incluye retomar la figura del mineroducto?
–No. El inciso K tiene 17 puntos y los más resaltantes son dos: el primero es la prioridad de la mano de obra en la región, es decir más del 50%.
–¿A cuánto llega?
–Ni al 20%
–¿Hay técnicos en la zona suficientes?
–Mina Pierina (Huaraz) tiene 100% de mano de obra no calificada de la zona, 80% de técnicos profesionales y eso no se da en Las Bambas. Los trabajadores son arequipeños, cusqueños. El otro punto es la adquisición de los bienes de la región. Papas, choclos, carnes. No se le compra casi nada.
–¿Qué más está en juego?
–El tema del Plan Cotabambas firmado en 2016.
–¿Con el Estado?
–Y también la empresa.
–¿Qué es lo que se ha incumplido?
–El incumplimiento más fuerte es la pavimentación de la vía. Yavi Yavi, que es una zona inhóspita en la puna. Pero la ruta empieza por el distrito de Mara y ahí todas las comunidades están haciendo bulla. Los otros (Fuerabamba) están por la plata, pero los más damnificados vienen de Mara.
–¿Qué píden?
–Justiprecio. Como les están pagando sobreprecio a los de Yavi Yavi, ¿qué va pasar en Mara? Lo mismo pues.
–¿Cuántas comunidades son las que vienen detrás?
–En el distrito de Mara tenemos seis. ¿Qué pasa? El Estado quiere invertir más de S/ 3 mil millones en la pavimentación. Pero en las vías departamentales de Apurímac solo tenemos cerca del 9% de asfaltado. Mejor que se haga una APP, que la mina cobre su peaje y recupera su inversión. ¿Para que el Estado va a invertir su plata si hay mucho que hacer en Apurímac?
–¿Y los servicios básicos?
–Todo ha sido para Challhuahuacho, donde han cerrado la mina. Allí tienen un alcalde preso y otro prófugo. Challhuahuacho recibe de las actividades, 20%, más que el gobierno regional que recibe 15%, con 5% adicional dividido en dos universidades. Pero no tiene ni una vereda ni pistas. ¿Qué han hecho con la plata?
–¿Qué pasó con el cambio de manos de Xstrata a MMG?
–Al inicio Las Bambas fue un modelo en el Perú, hasta el cura Marco Arana habló bien cuando estaba con Xstrata porque fue la única empresa minera que entraba en la población con un fondo social de US$120 millones del FOSBAM - Fondo Social de Bambas. Con el Estudio de Impacto Ambiental plantean el mineroducto de Las Bambas a Tintaya, Cusco, donde iba a ser la planta de procesamiento. Nadie se iba a dar cuenta del transporte del mineral.
–Pero el mineroducto no se hizo porque Xstrata solo se quedó con Tintaya.
–Son dos dueños. Con Ollanta Humala aprueban ya no un EIA sino un estudio técnico mediante el cual el Ministerio del Ambiente aprueba la planta de procesamiento en Challhuahuacho y ya no en Tintaya. Ya no mineroducto sino carretera. No hay licencia social existente. Los compromisos de la minera son para cuatro distritos y marginó a los demás.
–Es insostenible
–El odio, el rencor. Acusan a los de Fuerabamba de ser los únicos que se ganan con todo.  
“Leí propuesta de De Soto. Se debe convertir a los comuneros en socios”.
–¿Cuáles son las posturas en Fuerabamba?
–Hay un grupo de dirigentes que todavía piden como condición la liberación de los asesores Chávez Sotelo. Otro grupo ya entiende que el tema está en la Justicia y que hay separación de poderes. En la asamblea más de 2 mil 400 comuneros me querían obligar que firme un memorial pidiendo la renuncia del premier, del Ministro de Energía y Minas, del viceministro Raúl Molina, y la libertad de los asesores. “Yo no firmo esto”, dije. ¿Entonces? El gobernador es un traidor. Dicen que les tendió una trampa a los Chávez. Hace 40 años que no los veo, sé que eran vecinos cuando éramos niños, pero no los veo.
–¿Son mercenarios?
–Una cosa es ser abogado y cosa es inducir a esto.
–¿Y Paredes Terry?
–Son los “antauristas” que se están metiendo ahí también. Se ve que los asesoran porque los jóvenes y adultos se van a tomar Yavi Yavi y dejan a mujeres, niños y ancianos y bloquear la puerta de la mina.
–¿Reciben canon?
–No exactamente. Se discute un Decreto Supremo del gobierno de Fujimori, de depreciación anticipada. En cinco años las empresas pueden depreciar su inversión, mientras no deprecien el 100% no pagan el canon. Ahora están pagando las regalías contractuales que es el 3% de la venta total de los gastos administrativos. Estamos haciendo más o menos S/.80 millones. Pedimos que se pague el canon mediante un fondo generado por el gobierno. Segundo, Las Bambas se concesiona con US$ 1200 millones de dólares y Xstrata lo vendió en más de US$ 7 mil millones. El Congreso autorizó que la venta (2011) se haga en el extranjero y el país dejó de cobrar impuestos que favorecían a la región de Apurímac. ¡30% de la venta que eran unos US$ 2400 millones!
–¿Pero acaso eso se puede revertir?
–Por eso debemos de responsabilizar al Congreso. Por culpa de un lobby, por unos legisladores que han vendido la patria, nosotros nos vemos perjudicados. Frente a todo esto, hay que bajar la conflictividad. Una forma es que la propiedad del suelo también sea del subsuelo. Así los comuneros pueden ser accionistas.
–Es similar a lo que propone Hernando de Soto sobre los títulos valorizados afuera. Pero modificar la propiedad del subsuelo implica un cambio constitucional.
–Sí leí lo de De Soto. Este cambio se hace reforma constitucional o  referéndum.
–Muy bien asociar al comunero del asiento minero, ¿pero no se repite el problema de dejar por fuera a las demás comunidades?
–Las Bambas tienen que atender también la labor social de desarrollo socio económico, ambiental con esos afluentes, igual va a pagar renta. Pero la diferencia es que tú vas a ser socio de la empresa y ya no va paralizar Yavi Yavi. Al contrario, es mi empresa, y vamos para adelante. Eso marca la diferencia.
–¿Qué esperamos en los próximos días?
–No solamente que vayan el premier con los ministros. Sería importante que  también vayan el representante del Episcopado, la Defensoría. La única forma es el diálogo. Sin diálogo no hay solución. Con estar sentado en la mesa ya es bastante.
Recuperado de Revista Caretas Edic.N° 2585 jueves, 11 de Abril de 2019